“El sol se ocultó y Scheherazada continuó con su narración”.
... este relato de mi invención (1) solo sirve para demostrar que sin mitología, los elementos maravillosos quedan desprovistos de todo sentido.
La rotura de piezas en el horno por presencia de burbujas de aire es un concepto muy difundido entre los ceramistas. Quizás el máximo fantasma a la hora de hornear; pero tal vez, nada sea más falso que ello.
Primero presentaré ciertos problemas que puede traer alguna burbuja en el material.
1- Estado plástico o de trabajo:
a) Confección de planchas: Al estirar planchas, siendo las láminas de arcilla delgadas, las burbujas deforman la superficie, debiendo ser cortadas con una lanceta. Si la plancha esta próxima ya a su espesor, esta marca será difícil de borrar.
b) Alfarería con torno: Las burbujas dentro de la pella, acarrean dificultades en el centrado y en el levantado de las paredes del objeto.
c) Modelado: Salvo técnicas especificas, no traen ningún tipo de problemas.
2- Proceso de secado:
a) Si las burbujas de aire promedian los 12 mm3 (2x2x3 mm), estas no traen ningún tipo de problema (de lo contrario, no habría casas con ladrillos rojos).
b) Si la burbuja de aire es muy grande (la cavidad que dejaría una media esfera de 100 mm de radio pegada sobre una plancha), acá la cosa cambia: La pasta al contraerse genera una reducción del volumen interior, lo cual se traduce a un aumento de presión. Si la resistencia mecánica del objeto en alguna parte está debilitada por mal pegado, espesor desparejo o muy fino, la pieza se agrietará equilibrando sus presiones. Pero si las paredes son lo suficientemente gruesas para resistir esa presión y el pegado es correcto, no habría problemas. Cabe aclarar que el aire aprisionado se va lentamente cuando la pasta está seca. Tener en cuenta que no todas las arcillas se comportan de igual modo. Por eso en estos casos, es recomendable dejar una mínima salida de aire.
Si una pieza que contiene una gran cavidad de aire ha de romperse, generalmente lo hará en su proceso de secado (comúnmente máxima contracción), mediante una rajadura en su punto de máxima debilidad física.
Si pasó este estadío, los riesgos que quedan son mínimos en el horneado. Si hablamos de una pieza con algunas burbujas de 12mm3 promedio, no existe ningún tipo de riesgo, y el horneado será con las precauciones normales. Si la pieza en cambio es un objeto con una gran cavidad de aire, tendremos que tomar precauciones extras en la curva de horneado, sobre todo si la pasta es una pasta densa. Estos casos extremos conviene evitarlos, dejando una salida de aire.
Lo importante es entender que si la resistencia del material soporta la presión y el horneado es correcto (lento), no hay demasiados problemas con el aire.
Creer que las piezas “explotan por aire” es ridículo. Las piezas “explotan” en el horno por humedad. El agua al evaporarse expande su volumen casi 700 veces, y si esa reacción es violenta, solo resta imaginar o recordar las pulverizaciones de piezas mal horneadas.
He visto alumnos (y no alumnos) atormentados y obsesionados por este tema del aire. He visto demasiadas personas inculcar este miedo, en vez de dar herramientas de comprensión. Y me pregunto si es ello falta de oficio, desconocimiento técnico, o vaya a saber qué.
Un objeto se puede quebrar, rajar, despegar, fisurar, deformar, etc. en el horno por variadas razones, pero la única responsable de las clásicas “explosiones” es la humedad (pues aunque el objeto esté a simple vista seco, siempre contiene humedad). Y si se suma a ello, un mal horneado, la consecuencia es segura. Hacerle creer a la gente que es culpa de posibles burbujas, es simplemente, un mito sin mitología, un engaño
(1) Abiaunaves #0 (A modo de prefacio) [Revista Cerámica Nº 26] |