Opinión

Abiaunaves 4 “Torno: El cilindro como base de construcción ”

Pablo Campos

¿Existe alguna diferencia entre un cilindro y las demás formas que se pueden construir en el torno alfarero?  Podemos decir que algunas exigen más destreza y oficio; otras en cambio requieren más fuerza muscular; que el ajuste de la pasta no es el mismo para todas las formas; y obviamente desde lo formal, algunas en las antípodas de otras, o dentro de un mismo desarrollo de estilo.
Pero todas en sí mismas son formas torneadas, y aunque podríamos establecer jerarquías de acuerdo a diversidad de  cánones muy particulares, lo cierto es que fuera de juicios de valores de cualquier tipo, ninguna es más o menos 'forma' que otra. Quizás podríamos reflexionar sobre la intención particular a la hora de construir en el torno, pero ese es otro tema.
Entonces, si un cilindro es en sí mismo una forma como otras, ¿por qué se insiste tanto con éste a la hora de enseñar alfarería? A mi entender, cuando construimos un cilindro en el torno, lo único que queda evidenciado es que se logró mantener un eje vertical durante el estiramiento de las paredes, es decir, se ajustó un equilibrio entre las presiones de las manos y se controló la fuerza centrifuga propia de la rotación de la platina. Pero nada más que eso. Si bien podemos suponer que para construir una diversidad de formas es menester dominar estas cuestiones, construir un cilindro es solamente un 'tester' (como cualquier otra forma que se construya con el fin de 'ver' su proceso) que de ninguna manera se debe tomar como algo más, es decir, se puede aprender perfectamente alfarería trabajando otras formas y llegar a formas cilíndricas mucho más adelante.

Hasta aquí, no hay mayores problemas, pero estos comienzan cuando se mitifica el cilindro; cuando se lo entiende como el primer peldaño hacia el entendimiento de la técnica. Es esta una comprensión tan limitada, estrecha y errónea, que además de situar a la alfarería en un lugar conceptualmente alejado del proceso en sí, trae aparejados algunos muy serios problemas:
1) En primer lugar muy pocas veces los alumnos llegan a comprender qué se está evaluando cuando se les pide tornear un cilindro, con lo cual la construcción se vuelve inútil. No es lo más frecuente entablar una reflexión en el aula o taller sobre el tema, y todo queda como que “hay que construir cilindros porque así debe ser, para aprobar la materia”. Puede suceder que el docente de por “sobreentendido” estos temas o quizás, que tampoco haya reflexionado sobre ellos. En la mayoría de las escuelas y talleres se repite muchas veces el mismo libreto sin mucho pensar. Esto trae como consecuencia un segundo y más serio problema:
2) ¿De qué manera se llegó a construir ese cilindro?; es decir, se deja completamente de lado “el proceso” (lo más importante en la alfarería) y solo se acentúa el resultado, dando como fin cilindros “mentirosos” a fuerza de retorneado y manoseados al extremo. En resumen, objetos construídos desde el maquillaje, objetos desprovistos de sentido y de técnica. Y si tenemos en cuenta que esta modalidad comienza en general en los primeros años, no es de extrañar el resultado general y el mal entendimiento que se tiene mayoritariamente de la alfarería.
3) Y por último y a mi entender el más grave, es aquel que surge de algo que queda flotando implícitamente: “la idea de creer que siempre hay que levantar un cilindro previo a la forma final, que el cilindro es la base inexorable para cualquier forma”; “que sin cilindro no se puede hacer nada, por ende si no se es capaz de construirlo perfectamente no se puede hacer alfarería correctamente”. Gran equivocación. Gran paso a la frustración.

Cuando se trabaja desde el oficio, desde la experiencia diaria, se descubre que de una forma cilíndrica solo pueden derivar formas que estén dentro de un esquema cilíndrico, es decir, curvas y estrechamientos suaves, elipses delicadas, etc. Pero nunca, por ejemplo, formas abiertas sin dañar el material y la esencia.
Si entendemos que el cilindro es la base inexorable de las formas, quedarán excluídas infinidades de ellas como posibles. Lo que se debe comprender a cambio es que el proceso de dar forma es simultáneo al levantado, es decir, se levantan las paredes del objeto con la forma que ha de tener al final. Entiéndase esto como algo progresivo que está implícito en nuestra intención desde el momento del perforado. Pretender levantar cilindros para luego darles otras formas es un trabajo en primer lugar riesgoso, pues el material no resistirá en la mayora de los casos, y segundo, es una pérdida de tiempo absurda, además de la lógica desvinculación y fragmentación en el proceso de construcción, lo cual trae aparejado formas esquemáticas y poco frescas.
La alfarería es una herramienta de exploración inacabable, profunda, de íntima reflexión. En cuanto se la confina a esquemas que omitan el pensamiento, la reflexión y la construcción de sentido, lo que se logra es sencillamente alejarse por completo de la esencia. (1)

El aprender alfarería no tiene nada que ver con “formas” (es lo menos importante) sino con una reflexión sobre los procesos de construcción e intención corporal. Comprender la alfarería más allá de “las manos”, pues la alfarería es un acto corporal completo. Luego, las formas son resultados naturales de una reflexión interna.

(1)Un claro ejemplo son las esferas, son tan fáciles de construir como cualquier otra forma, es decir, si se comprende como construirlas. Si partimos de un cilindro solo basta pensar un poco para darse cuenta que es imposible, pues un cilindro bien construido tiene sus paredes ya estiradas, y para llegar a una esfera desde un cilindro, hay que estirar el material en el centro por lo menos al doble del diámetro. Solo pensar en ese estrechamiento excesivo y diferencia de espesor que surge en las paredes, hace que la pasta no se sostenga a si misma y se desmorone.

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